Para S.C.T.M que sin su presencia en mi vida, nada hubiera sido igual…

Ni los cumbiones que traía el chófer podían calmar mis nervios, supongo que era normal, era mi primer día de trabajo en El Financiero y no podía dejar de pensar en todo lo que implicaba.

Mientras viajaba en el micro con dirección Periférico-CCH Sur, me puse a pensar… «Espero no regarla rápido», pues después de todo, este trabajo es lo que siempre he querido y a la pruebas me remito…

Se podría decir que mi interés por el periodismo nació en la secundaria, cuando junto con otros compañeros del salón decidimos publicar un periódico escolar llamado: Justicia. Esa experiencia me marcó de diferentes formas, debido a que fue una experiencia agridulce.

Como éramos chavos, pues la paciencia y la planeación no es algo que solía acompañarnos, así que de manera impulsiva realicé una «primera versión del periódico» que dejaba mucho que desear en aspectos de calidad de impresión y diseño pero que reflejaba lo que verdaderamente opinaban los alumnos de sus profesores y de su escuela, y como no había ni rastros de la existencia de Facebook o Twitter, ese «periodiquito» impreso en la papelería más cercana de mi casa podía llegar a representar un problema con las autoridades del plantel… y lo fue.

La directora me prohibió publicarlo y me dijo que si quería realizar ese proyecto debería de ser bajo la supervisión de ella y de la maestra de español en turno, y aunque se oye muy «sangrón» decir que coartaron mi libertad de expresión… de cierta manera yo lo sentí así.

Sólo se publicó una edición de ese proyecto escolar, pues yo no tenía interés en editar un periódico con artículos de la Enciclopedia Encarta, yo quería otra cosa, y de alguna manera esa semillita se quedó en mi cabeza.

Cuando terminé la preparatoria estudié periodismo en la Escuela Carlos Septién García y fue durante esta etapa de mi vida que debía de decidir en que rama del periodismo me quería especializar, yo pensaba que la elegida sería deportes, pues el fútbol siempre había sido mi pasión pero me di cuenta que esa fuente estaba demasiado saturada, de esa manera fue como me encontré con el área de economía y negocios.

Puedo decir que tanto Jesús Rangel (columnista en Milenio) y Carlos Acosta Córdova (periodista en Proceso) fueron los dos profesores que me incitaron a fijarme (e inspirarme) en la economía, pues es una fuente que te estimula mentalmente y que puede llegar a ser muy gratificante.

Fue tanta mi curiosidad por la economía que decidí hacer un examen de admisión en la UNAM para entrar a la Facultad de Economía, aunque debo aceptar que mi decisión por estudiar una segunda carrera no se limitaba a lo académico, también quería vivir otro tipo de experiencias que durante mi época en la Septién no pude realizar (mis amigos saben a lo que me refiero), y afortunadamente me aceptaron en la UNAM.

El resto es historia, pero hay algo que me gustaría resaltar. A pesar de entrar a estudiar economía, nunca me visualicé como un economista, siempre sabía en mi interior que tarde o temprano tenía que regresar al periodismo, que junto con el teatro, han sido mis únicas pasiones en la vida.

Durante mi estancia en la UNAM conocí a tantas personas (tan distintas) que mi mente amplió el panorama de lo que debía de buscar ejerciendo el periodismo, antes de la UNAM mis ideales eran ser como Lois Lane (Superman) o como Zoe Barnes (House of Cards), pero ahora mis intereses ya habían viajado hacia una dirección más madura.

Al subir por el elevador de El Financiero hacia mi área de trabajo, no podía dejar de pensar en todos estos antecedentes, y lo único que logró calmarme fue pensar: «Mientras des lo máximo de ti, no hay nada que temer». Y así ha sido.

El inicio en mi nuevo trabajo ha sido difícil, pues debo aprender un sin fin de cosas, no sólo basta con estar enterado del contexto económico y político de México y del mundo, hay que saber plasmar las ideas con un rigor periodístico, pero sobre todo… debo escribir más rápido, y eso si es complicado para mi, pues suelo tardar mucho en plasmar las ideas que pienso en un papel  (o en una computadora xD).

Afortunadamente en ningún momento he querido claudicar, sé que el periodismo es un oficio que se forja sobre la marcha y que con paciencia, dedicación y disciplina lograré dominar las tareas que me han sido encomendadas.

Finalmente, para no aburrirlos más, me gustaría cerrar esta columna con una canción de fondo: «la fuerza del destino» de Mecano, pues hasta la fecha la considero mi canción favorita, y aunque durante 2017 pasé por un proceso de tristeza e incertidumbre sobre las decisiones que tomé en el pasado y sobre lo que me depararía el futuro, en estos momentos considero que soy muy feliz, pues estoy donde siempre quise y hago lo que siempre soñé (sí, así de cursi).

DATOS RANDOM

  • Me encantan los tacos de pechuga con papas fritas que venden afuera de mi trabajo.
  • El café en la oficina es súper barato, un expresso muy decente cuesta 5 pesos.
  • Me dieron una computadora pórtatil que puedo llevarme a mi casa pero nunca lo hago porque #UsoMetro.
  • Mis compañeros y mi jefe son muy amables y pacientes conmigo, me encanta la buena vibra que se respira en El Financiero Bloomberg.
  • Te regalan el periódico del día en la recepción del periódico pero yo se lo sigo comprando a la señora que los vende en el transborde de metro Guerrero.
  • Parecía fan de menudo (Ay muchas cosas Wuuu) cuando conocí en persona a los periodistas que escriben en El Financiero Bloomberg (ya los reconocía por nombre pero nunca había visto su rostro, hasta ahora…).
Mi lugar de trabajo… 😀